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Robert Anton Wilson, sin ánimos de quedarse afuera de tamaño debate, nos ha hecho llegar una serie de ejercicios que, al parecer, nos podrían ayudar en nuestra búsqueda onírica:

“ 1. Visualice una moneda vívidamente, e imagine vívidamente que usted va a encontrar la moneda en la calle. A continuación, busque la moneda cada vez que salga a caminar, mientras continúa visualizándola.
Vea cuánto tiempo le lleva encontrar la moneda.

2. Explique el experimento anterior por la hipótesis de la “atención selectiva”, es decir, que hay un montón de monedas perdidas en todas partes y que usted fue obligado a encontrar una, continuamente buscando.
Vaya en busca de una segunda moneda.

3. Explique el experimento de la alternativa “mística”: la hipótesis de que “la mente controla todo”. CREA que hizo manifestarse a la moneda en este universo. Vaya en busca de una tercera moneda.

4. Compare el tiempo que se tarda en encontrar la segunda moneda con la primera hipótesis (la atención) con el tiempo que lleva utilizando la segunda hipótesis (la mente sobre la materia).

5. Con su propio ingenio, invente experimentos similares cada vez que compare las dos teorías: la “atención selectiva” (coincidencia) frente a “la mente controla todo” (psicokinesis).

6. Evite llegar a conclusiones firmes antes de tiempo. Al cabo de un mes, piénselo nuevamente, y evite llegar a alguna conclusión dogmática. Crea posible que usted no lo sabe todo aún, y que podría tener algo que aprender todavía […]” Extraído del libro Prometheus Rising

Somos eternos buscadores. Buscamos respuestas, buscamos verdad…pero me parece que la Verdad es la zanahoria que el conejo nunca puede alcanzar, ya que se continúa alejando. Pero lo cierto es que el conejo puede ir acercándose cada vez más. Acaso el punto esté, entonces, en la continua búsqueda de esa Verdad: “la única verdad es la búsqueda de la verdad”, dirían algunos. “Si ves al Buda, mátalo”, dirían otros. En el momento que nos pretendamos iluminados, estaremos haciendo agua y habremos vuelto al primer escalón…

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A modo de inspiración para todos aquellos quienes, gracias al último post , se encuentran entusiasmados y expectantes por escribir su autobiografía pero que no saben por dónde empezar, nuestro querido amigo Macedonio Fernández nos ha acercado un fragmento de una de las tantas que ha escrito:

“EI Universo o Realidad y yo nacimos el 1 de junio de 1874 y es sencillo añadir que ambos nacimientos ocurrieron cerca de aquí y en una ciudad de Buenos Aires. Hay un mundo para todo nacer, y el no nacer no tiene nada de personal, es meramente no haber mundo. Nacer y no hallarlo es imposible; no se ha visto a ningún yo que naciendo se encontrara sin mundo, por lo que creo que la Realidad que hay la traemos nosotros y no quedaría nada de ella si efectivamente muriéramos, como temen algunos.

En vano diga la historia, en volúmenes inmensos, sobre el mucho haber mundo antes de ese 1 de junio; sus tomos bobalicones es lo único que yo conozco (no sus hechos), pero los conocí, después de nacer, como todo lo demás […]”

¡Gracias Macedonio!

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Siguiendo el hilo del post anterior…

Premisa A: El primer paso para tener sueños lúcidos es hacer un diario de sueños.
Premisa B: La realidad es un gran sueño colectivo.
Proposición: Si todo Ser del planeta escribiera su propia autobiografía, existiría la posibilidad de despertar colectivamente a un sueño lúcido.

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ADVERTENCIA: La siguiente proposición puede tener un efecto tan devastador en su túnel de realidad que podría no haber vuelta atrás. Claro está que el titular de este blog quedará completamente eximido de toda responsabilidad si, llegado el caso, algún neófito llegase a sufrir una brutal caída por volar muy alto y quemar sus alas con los rayos del sol. Ícaros, abstenerse!

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«El mayor hechicero (escribe memorablemente Novalis) sería el que hechizara hasta el punto de tomar sus propias fantasmagorías por apariciones autónomas. ¿No sería este nuestro caso?” Yo conjeturo que así es. Nosotros (la indivisa divinidad que opera en nosotros) hemos soñado el mundo. Lo hemos soñado resistente, misterioso, visible, ubicuo en el espacio y firme en el tiempo; pero hemos consentido en su arquitectura tenues y eternos resquicios de sinrazón para saber que es falso.»  (J.L. Borges)

Dicen que los sueños sólo son reales mientras duran.

¿Puedes decir lo mismo de la vida?