La moral en tiempos de Caos


El fuego y el acero,
elementos
que forjaron la espada
que dio muerte
a tantos pueblos,
¿acaso tiñeron -de sangre-
las manos del herrero?

Parece que sí,
pero no es el moralista
el único ser en la tierra
al que éstas
vagas
cuestiones
técnicas
distraen.

Pues mi alma inquieta
también se pregunta
dónde está la culpa
y a quien ha de colgar
el justo inquisidor
que llamamos Dios.

La moral se hace añicos
cuando pensamos que
es gracias a éstas
vagas
cuestiones
técnicas
que las mariposas,
esas frágiles
y delicadas criaturas,
ya no vuelan
tan libres como antes
como cuando su aleteo
no era sino el bello
despertar de la mañana.

Pues en su contra
vino el Caos a testificar
y decir
que su volar ha de cargar
con un importante peso moral
por ser el causante
de ciclones distantes.

Más en su defensa
vengo yo a preguntar
quién en esta tierra
(en la que todo
está íntimamente conectado
y es tan frágil
que hasta lo más mínimo e inofensivo
puede resultar caótico y sorpresivo)
se atreve capaz de responder
con entera sinceridad
por el resultado de cada una
de sus acciones.

Dicho así,
todos seremos juzgados
culpables.
Aunque si todos,
entonces nadie.
Y si nadie,
entonces todos…

¡Ah!
¡Cuan confusa es la moral
a ojos del Caos!

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