El Mago


I
Golpeando al silencio
y escuchándolo caer abatido,
hoy se enfrenta a todo aquello
que sus sentidos
le han prohibido.

Pues el velo que hoy se corre
no es sino el sueño que termina
del Mago que despierta
y percibe:

Es el Infinito
lo que en el origen
rojo de la Rosa
se muestra.

Es en el devenir
puro del instante
en donde se atesora
la Eternidad.

II
Sabios son los ojos
que saben ver
lo que permanece
invisible
para los distraídos.

Pero, ¿son sabios los ojos del mago?
¿Es su despertar un seguir soñando?
¿Es este nuevo mundo
una capa más en la cebolla
o acaso vestigios
de un realidad superior?

Empero,
ninguna de estas vanas preguntas
que a mi estúpida pluma distraen
son capaces de inquietar
a nuestro intrépido Mago.

Él solo observa cómo todo fluye
con perfecta armonía y quietud,
mientras despierta
hacia la Realidad Inescrutable.

Lúcido
como nunca,
comprende que
el Infinito y la Eternidad,
metas que antes
le sugerían ser
petulantes quimeras,
son alcanzables para todo aquel
quien disponga no otra cosa
más que un segundo
para divisar la Rosa.

Nunca tan simple.
Nunca tan complicado.

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