Sueños lúcidos -.2


ADVERTENCIA: La siguiente proposición puede tener un efecto tan devastador en su túnel de realidad que podría no haber vuelta atrás. Claro está que el titular de este blog quedará completamente eximido de toda responsabilidad si, llegado el caso, algún neófito llegase a sufrir una brutal caída por volar muy alto y quemar sus alas con los rayos del sol. Ícaros, abstenerse!

      

Para aquellos no familiarizados con el término, un sueño lúcido, es aquel en el que el soñador cobra consciencia de estar soñando hasta el punto de tener el control y poder manejar el sueño a su antojo. Ahora bien, lo que le interesa a este posteo no es estrictamente el sueño lúcido en sí, sino más bien ahondar en las implicancias de la siguiente hipótesis:

¿Y si lo que catalogamos como “realidad” no fuese más que un sueño? En tal caso… ¿podríamos cobrar lucidez onírica en la “vida real”? ¿Acaso seríamos capaces de (trans)-formarla y manipularla de la misma manera en que lo hacemos con un sueño común y corriente?

Preguntas como esta, nos llevan a un territorio para el que no existen mapas. Ni la ciencia, ni la filosofía ni tampoco la mística son capaces de brindarnos una guía concreta en la que basar nuestro tour onírico. De esta manera, es muy fácil dar un paso en falso, perderse y abandonar la búsqueda. Por esta razón es que de todos aquellos que deciden emprender viaje, pocos son los que llegan pero muchos menos los que regresan. Pues una vez que crucemos la barrera hacia el “más allá”, la vuelta hacia el “más acá” se torna más difícil aún.

La mala noticia para los futuros viajeros es que ni aunque logremos retornar seremos capaces de conceptualizar la experiencia en un mapa verbal para luego dárselos y que puedan tener ´un algo´ en el que basar su viaje. Uno puede intentar describirle el color violeta a aquel que conoce el rojo y el azul, pero no se puede describir el color rojo a quien nunca lo ha visto. El rojo es elemental e irreductible.

Pues a medida que vamos avanzando y corriendo el velo de nuestra percepción, el lenguaje se nos hace cada vez más ilusorio, vacío y distante. No por nada los taoístas se muestran completamente escépticos ante la palabra como descripción de lo sutil. El tao que puede describirse no es el tao, dicen. Intentar abarcar al tao en su totalidad, con un lenguaje tan limitado como el nuestro, es igual de absurdo que querer pescar una ballena con una caña de pescar.

¿Y si alcanzar el satori, el samadhi, el santo grial, la iluminación, etc, sea equivalente a alcanzar un estado de lucidez onírica suprema?

Dicho sea de paso, es muy interesante la vuelta de tuerca que las filosofías orientales encuentran en torno a esta cosmovisión de la realidad como sueño.  Se busca una anulación del yo. El mundo no es pues un sueño mío sino que yo soy un sueño del mundo.

¿Seremos tan solo un sueño de Brahma? 

~

Lo dicho hasta aquí no pasa de lo anecdótico pues, al fin y al cabo, el verdadero asunto se reduce a esta cuestión:

Si fuese todo un sueño, vos… ¿te despertarías?

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