Soñando entre la vida y la muerte


De pronto, en un santiamén, el dolor se hizo imperceptible. Había desaparecido, pues eso era lo que creía. Una parte desconocida de mi yacía despierta, pero inmóvil, lista para ser re-descubierta. La otra brincaba inconsciente, intentando de reanimar. Eso era lo que sentía, intuía. Extraña sensación, por cierto. Nunca antes me había sentido así, ¿guiándome yo por la intuición? Imposible, absurdo, inverosímil. Toda mi vida me encontré poseído por un pensamiento racional, ego-centrista. ¿Será aquel quien en estos momentos se encontraba inconsciente? Un shock de un desenfrenado desconcierto sacudió todo mí ser.
Pienso, especulo, recapacito. Tengo tiempo para aquello, quiero creer, empiezo a creer, a tomar conciencia de ciertas palabras que había ojeado el día anterior, cuyo autor no logro recordar. Lo que realmente importa es el mensaje, no así el mensajero, decimos algunos. Por tanto, no suelo preocuparme de retener nombres. Leídas de casualidad, causalidad, más bien, provocada por la simplicidad de las leyes del universo. Parecen encajar, pieza por pieza, para ponerle fin a mi desesperación, al desconcierto o, mejor dicho, a mi miedo. “¿Cuál es el significado de la muerte?”, se titulaba el articulo. Varios eran los entrevistados, ninguna opinión lograba perturbarme. Aun así, continué con una vaga lectura, donde las palabras saltaban unas con otras, restándole sentido a la oración, cada vez con mayor intensidad. Mi atención se desviaba, casi obligándome a cesar, hasta que viví la extraña sensación de sentir vibrar, titilar ciertas palabras, que me conquistaron a seguir con la lectura. Sigo sin recordar al dueño de aquel mensaje. Esta persona afirmaba que la “muerte” se trataba del instante en que…Fénix, Fénix Tinto era su nombre. Qué paradoja recordarlo justo en este instante, instante en el que la ley del tiempo parece hacer una excepción, o simplemente donde no rige.
Este señor afirma que es el soplo en que nuestra esencia se libera de nuestro ego que yace durmiendo. Ese ego quien despierto le hace creer a la parte de la mente que controla, esclavizada, que él es el que manda, él es lo real. “Nadie/Nada esta más esclavizado que quien erróneamente cree ser libre”, era su filosofía. Es bien sabido que esto puede funcionar por un tiempo, empero no eternamente.
El ego hoy tiembla al ver despertar al inconsciente, bautizado así por el mismo, por conveniencia. El mundo material desaparece, el sueño termina, y me despierto en éxtasis de aquel momento eterno. Por fin comprendía que ese mundo físico, ahora lejano de 3 dimensiones, era un sueño, una pantalla, una ilusión.
Dr. Ramírez: _ se ha ido
Dr. González: _ lamentablemente, hora de la muerte 11:11 Am, descanse en paz.


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