Perdido en la rutina


Era un día gris, típico de otoño, en donde las nubes parecían presagiar que, aquel día, todo habría de conspirar en mi contra. Aún así, enceguecido por una soberbia que me era natural, opté por hacer caso omiso a lo que el universo intentaba decirme…Pues, ¿quién dice que una nube gris no es igual de hermosa que un rojo atardecer…?                 Les diré algo. Pagué caro mi ingenuidad.

Esa mañana desperté, como cualquier otra mañana, sediento de sueño. Si. Una vez más, le había ganado de mano al despertador. Desconozco las razones que me llevan a estar más acelerado que el mismo Universo. Porque, hasta donde sé, no he estado en contacto con ningún tipo de energía oscura.[1]

Sin embargo, todas las evidencias parecen indicar que esta patología parece haber sido fruto de una perversa cotidianeidad. La misma que, hacía ya varios años, se había apoderado de la propiedad de mí Ser.                                        Soberbia e imponente, como un tsunami al que no le conmueve ni el llanto de un niño indefenso, esa cotidianeidad había terminado por enterrar, sin piedad, a mi capacidad de soñar, de sentir…                                                                   Y con ellos se había ido mi identidad…

Pues si. Así como una persona que no tiene sombra es un vampiro, una persona sin identidad no es más que un robot, esclavo del sistema. Hay otros que van más lejos, e infieren que si morir es dejar de pensar, el mundo estaría repleto de zombies.                                                                                                              “Los hombres son, cada vez más, autómatas que fabrican máquinas que actúan como hombres y producen hombres que funcionan como máquinas.” Dijo cierta vez un prestigioso alemán… ¿Habrá tenido razón?

Tratando de no morir por un ataque de pensamiento, salí a las apuradas de mi casa. No más de dos minutos pasaron hasta darme cuenta que había olvidado cepillarme los dientes. A causa de mi inocente descuido, tuve que parar en un quiosco, el cual otras mañanas hubiera jurado que no existía.

-Hola, no me das unos Halls?

-Como no! Decime de que querés – me pregunto dulcemente la joven rubia que atendía.

Confieso que me sorprendió la pregunta. Tal vez haya sido el horario, o tal vez ese día estaba un poco sensible (y cómo no estarlo!). Me sentí satisfecho el saber que podía elegir. Creí oportuno agradecerle a la joven tan hermosa oportunidad.

-Gracias- le dije

-¿Gracias por qué? – Preguntó con una inocente mueca

-Me hiciste sentir libre, con capacidad de elegir.- Le replique

-Señor, si me disculpa, esa elección de la que usted habla, es ilusoria. Si tenemos en cuenta que su comportamiento, como el de tantos otros, ha sido fruto de un detallado estudio y segmentación, podría argumentar que ya han elegido por usted. Tenga a cuenta que la publicidad nos da a elegir entre “media docena” de opciones, de modo que uno tiene libertad de elección, pero acotada a esas alternativas que no se pueden modificar. Por más que la elección sea suya, no olvide que elegir es una obligación…

Quedé estupefacto. Sentí como mi orgullo era abofeteado por una insolente. Esa filósofa barata había herido mis sentimientos.

– Jovencita, eres una irrespetuosa.

Y, ofendido, me largué. Con mi orgullo intacto pero sin las pastillas que acabarían con mi mal aliento.

Una vez que pude, por fin, dejar a un lado la ira que, con o sin razón, se había apoderado de mí andar, miré el reloj. Eran las 8:10. Y… ¿saben qué? Era tarde. Si, tarde. Cerré los ojos, miré a la nada, e intenté recuperarme con una abundante rebanada de aire puro.

Una bocina terminó por interrumpir mi momento de éxtasis espiritual. Y al retornar en mi, me vi en el medio de la avenida frenando el tránsito. Por un momento sentí que era una visión fantasmal. Pero no. Era real. Tan real, que me dio miedo. ¿Tan mal me encontraba?

Mirk.


[1] Aquí el narrador hace referencia a recientes investigaciones dentro del ámbito de la cosmología, que sugieren un Universo que no solo está en expansión, sino que se está expandiendo cada vez más rápido. Este peculiar fenómeno estaría dado por algo que se conoce con el nombre de Energía Oscura, que vendría a formar el 74% de nuestro Universo (mientras que los átomos, es decir toda la materia visible a nuestros ojos, galaxias, estrellas, planetas y demás, compondrían apenas el 4% del mismo. Vale aclarar  que, a pesar de componer las ¾ partes del Universo,  aún no se tiene siquiera una vaga idea sobre lo que vendría a ser esta misteriosa energía.

Sin embargo, se suele acusar a la Energía Oscura de querer asesinar el Universo. Los partidarios del Big Freeze (Gran Frío), afirman que éste se seguirá expandiendo eternamente con la consecución final de prácticamente todos los procesos físicos que puedan darse y posiblemente acabando con la muerte térmica del Universo. (las galaxias se alejan unas de otras, no colisionan, sus estrellas se apagan, y congelamiento cósmico)

No es para tomarlo en serio, ya que esto no pasa de lo anecdótico. Ni siquiera este omnisciente narrador conoce el calendario de los dioses.

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