Invitación a las puertas de la percepción


Casi sin darme cuenta he emprendido un viaje hacia lo desconocido, un viaje de auto-descubrimiento hacia mi mismo. Desconozco el camino de vuelta pero poco me importa. Sé que ningún espejo se transforma de nuevo en hierro, y que ninguna uva madura se convierte otra vez en verde.

Toda realidad es una percepción de tus sentidos, una construcción subjetiva de tu mente. Creamos mundos e ilusiones, y es detrás de ellos que nos escondemos y nos perdemos. Las puertas de la percepción aguardan ser trascendidas. Y heme aquí vislumbrándolas. Todavía se encuentran muy distantes… pero me esperan, siempre lo hacen. No hay ninguna certeza que las alcance pero no me importa. El viaje es mi destino y el medio es mi fin, pues el camino importa más que la posada.

Esta Gran Selva se muestra difícil, oscura y sublime. Y cada paso que logro en ella hace que el mundo se me presente tal cual es: indefinible. Pues el lenguaje, ahora ilusorio y distante, ha perdido todo el significado. La naturaleza es una cáscara vacía e irrisoria, es nuestra mente quien la llena de colores, sonidos y fragancias. Tú haces verde al pasto. El acto de la creación no es un acto ajeno sino más bien propio. Muy propio. Y aquí se esconde el verdadero tesoro de los Dioses.

Esto, querido amigo, es una invitación. Una invitación hacia lo desconocido. No nos esperan certezas sino incertidumbres aunque te prometo que no habrá miedo que eclipse nuestra curiosidad. El horizonte de nuestra percepción nos grita tímidamente que vayamos tras él. Te promete lo más bellos atardeceres jamás vividos. ¿Cómo hacer caso omiso a tan grandiosa promesa? Propongo que nos propongamos conspirar juntos -respirar conjuntamente- y trascender.

Sé que estarán aquellos a quienes esta invitación no los inquiete en lo absoluto o tal vez únicamente un poquito. A ustedes, amigos míos, les digo: no sean recelosos ante la promesa de un oasis defendiendo las virtudes de un desierto. No esperen a que la fiebre se haga crisis para darle una cálida bienvenida al porvenir. Déjame recordarte que de nada servirá que te envíe postales. Pues el mapa no es el territorio y las palabras no son la cosa misma. Uno le puede intentar describir el color violeta a aquel que conoce el rojo y el azul, pero no se puede describir el color rojo a quien nunca lo ha visto. El rojo es elemental e irreductible, al igual que lo salado y lo arenoso, o al igual que las puertas que aguardan ansiosas nuestra llegada. No seas tonto pensando que devengo metafísico. Estoy hablando de algo que involucra por sobre todas las cosas a nuestra experiencia sensible. ¿Dónde hay metafísica en esto?

“Alguien sueña un sueño al que nadie da importancia. Alguien sueña con la hora aún no llegada a este mundo, y de pronto ¡zas!, suena la hora…” Sonó el despertador, pero las puertas (aunque abiertas) siguen inmutables. De pronto, se siente un ligero movimiento en el picaporte. Parece no ser nadie. Sin embargo, el movimiento (aunque débil) persiste. Luego, un leve crujir de las puertas. Hasta que de golpe, desde el más profundo silencio eterno, se oye el batir de un tambor anunciando la llegada de una marcha ancestral. Siento mis pasos (también los tuyos), y parece que nada podrá detenerlos. La simbiosis es total e irreversible. Extiendo una mano. Luego otra. Hasta que finalmente tomo coraje y me zambullo por completo en las trémulas puertas que desde siempre estuvieron abiertas. Abro un ojo, luego otro y contemplo al Dios sin cara que se esconde en mi interior: Me vi a Mi mismo.

Fue una revelación tan fuerte la que sacudió a mí ser en ese momento que me terminé despertando. Pues si. Para mi sorpresa parecía estar soñando. O tal vez no, ¿quién sabe?  Luego de meditar unos segundos acerca de lo sucedido hacía unos instantes, sentí como un impulso eléctrico en mi cerebro me ordenó dirigirme al baño. Y por un acto instintivo, sin ganas de sublevarme ante mi mente, fui hacia allí, me observé en el espejo y me miré (de vuelta). Pero decepcionado me dí cuenta que no. Ésta vez se sentía distinto.

Mirk.

Dedicado a mis compañeros de ruta que, gracias a la sincronicidad del Universo, cada vez son más. A vos también futuro viajero: mis más cálidos saludos.

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