Genealogía de la dualidad


Alguien, alguna vez, en algún lugar, dijo a la nada: “Nunca nadie sabrá quién soy, ni cuándo, ni dónde me encuentro…” Lo que Alguien no sabía era que, en la nada estaba Nadie quien, curiosamente perplejo por estas palabras, se vio obligado a perseguir el peligroso objetivo de encontrar algún día a ese tal Alguien, en aquel tal lugar donde se encontraba, escondido.

Nadie, tenía bien claro que un dios (en caso de existir) no jugaría a los dados ni creería en la casualidad. Por lo que sabía muy bien que no había estado en la nada, escuchando aquellas palabras por una mera y desnuda casualidad. Había un propósito, eso estaba claro, pero… ¿cuál?  Lo cierto es que nadie más que Nadie estaba dispuesto a averiguarlo.

La búsqueda de Alguien, al contrario de lo que nos tiene acostumbrado el universo, culminó casi de inmediato. Sin embargo, nos es imposible determinar qué fuerza estaba trabajando en su respectivo turno de 8 horas. ¿Acaso el destino los habría atraído? ¿O habrá sido fruto del azar? Es imposible determinarlo con matemática exactitud. [1]

La sorpresa valió para ambos. No esperaban volver a re-encontrarse luego de tantas idas y vueltas del dios tiempo. Probablemente, estas idas y vueltas hayan sido la causa por la cual necesitaron dos miradas y no una, para terminar de reconocerse.

A la primer mirada comprendieron que cada uno era la extensión del otro. Eran lo mismo. Siempre lo habían sido.                                                                     A la segunda mirada, finalmente recordaron todo, y confirmaron la hipótesis de la primera:              Algún tiempo atrás, Alguien y Nadie habían sido el mismo Ser.

El Único [2] había querido conocer el mundo. Una parte de él lo quería hacer desde una perspectiva distante, como observador y sin involucrarse. Este vendría a ser Nadie.                                                                                                    Mientras que la otra parte de su alma, o sea Alguien, quería ver el mundo desde dentro, y recordar lo que alguna vez había sido sentir, lo que había sido soñar…                                                                                                                                   A muy grandes rasgos esto era lo que había sucedido.                                      Como se es de saber, estos caprichos no suelen terminar bien. Y pues, así fue. Lo que ni Nadie ni Alguien siquiera sospechaban, eran las escandalosas consecuencias que habían de arraigar con su separación. Pues el Universo se había separado con ellos. La vida y la muerte; el bien y el mal; la noche y el día; pasaron de ser los más fieles aliados, a ser los más hostiles y resentidos enemigos. Reinaba la dualidad.

Ambos ignoraban el colosal daño que habían provocado al Universo.                   Sin embargo, fue Alguien el que se llevó la peor parte. Pues, al estar involucrado en una forma más directa con el mundo y al haber recuperado su capacidad de sentir, se vio enteramente más perjudicado.                                        Totalmente sobrepasado por las exigencias y locuras del mundo no-real, Alguien debió huir despavorido a algún lugar lejos de toda la existencia banal.

Y aquí fue donde se escondió, preso de la misma clase de miedo que siente un niño indefenso en una plaza al buscar a su mamá y no encontrarla. Y la misma clase de alivio que siente aquel mismo niño al finalmente toparse con la sonrisa y los brazos acogedores de su madre, fue lo que sintió Alguien al ver a su hermano Nadie arribar a aquel lugar.

Con una inmensa alegría y añoranza recordaron las muy viejas épocas en las que los dos eran el mismo Ser; en las que no había noche que no sea vivida como la última, ni día que no haya sido vivido como el primero; en las que la niñez era la más grande etapa de madurez; en las que ni el mal ni el bien tenían sentido alguno; las viejas épocas en las que todavía la Vida y la Muerte formaban parte de un misma Rueda de causas y efectos, que era (aunque se veía el borde) infinita.                                                                                                         Todo eso (y mucho más) había desaparecido con el advenimiento del Universo-Dual, pero todo retornaría con el ocaso del mismo, o sea en unos pocos, muy pocos segundos…

La agónica ilusión cesa, cuando sus ojos, conscientes de su destino, se cierran en un ínfimo descanso; el sueño se rompe, y el encantamiento comienza a resquebrajarse. Nunca es tarde. La simbiosis es total, irreversible y omnipresente… esos dos seres han decidido volver a formar parte de un mismo Ser y re-encontrarse en una misma esencia. Aquella que, con o sin razón, había sido abandonada tiempo atrás…

Y con esto, señoras y señores, termina nuestro relato. Ya que lo que prosigue a éste tan trascendental hecho, trasciende por completo la omnipresencia de su humilde narrador.   Aunque sólo una cosa puede afirmarse con relativa certeza: el universo no volvió a ser el mismo. Nunca.-

Mirk.

notas del editor:

[1] En este relato, por razones que todavía no están claras, se obvia la razón por la cual el narrador conoce el funcionamiento interno de la fábrica del universo. No se explica cómo ha dado por sentado que el azar y el destino trabajan en turnos de 8 horas. Curiosa paradoja que 2 fuerzas magnánimas a nivel humano, parezcan ser obreras a un nivel un poco más amplio. ¿Habrá sindicatos? ¿Existirán las huelgas? Habrá que esperar un nuevo relato…

[2] El narrador llama “El Único” a aquel único ser que alguna vez habían formado los dos personajes de la historia.

1 comentario

  1. 27 mayo, 2015 a 10:04

    Reblogueó esto en vanesjourneytoyoukali's Blogy comentado:
    Estoy admirada de este blog… increibles los relatos.. gracias!!


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